Nunca dejes de imaginar


Aún recuerdo las risas, las miradas que no se atreven a ir a más. Los silencios nerviosos que delatan un principio, las palabras que se pierden entre besos, los besos que hacen perder conciencias, y también consciencias. Aprendí a leer en tus ojos, aunque soliesen decir más que tu boca. Me enamoré de tus besos, fuesen como fuesen y supiesen a lo que supiesen, para mí eran los mejores. Creo que nunca fui capaz de decidir cómo me gustaban más porque ahora mismo no querría uno en especial sino uno de ellos, de esos de verdad. Hice nuestra la frase "si no te tengo reviento", y también decidí que nunca más volvería a decir nunca. Aprendí a perderme en amaneceres pero siempre en tu dirección y a querer despertar sin espacio, pero entre nuestros besos. Y sí, si algo me quedó realmente claro es que aunque no lo puedas decir... me quieres, a veces.