Puedes quedarte, llamarme de madrugada, quitarme las ganas, hacerme el amor a deshora, y hacer que empiecen a gustarme los domingos si son con peli y manta a tu lado. Puedes hacer que no quiera ni verte, que sólo quiera gritarte y que me pase las noches odiándote. Tienes permiso para besarme, morderme y subirme al cielo aunque tenga pánico a las alturas; puedes echarme todo lo que quieras en cara, y hacerme de todo menos falta. Estarías en todo tu derecho a entrar y salir cuando quieras y a quitarme o compartir mi cojín de dormir, siempre y cuando un buenas noches lo tenga de tu boca y un buenos días con tus brazos agarrándome entre el edredón de la cama para hacer que me cueste aún más salir de ella. Puedes intentar pasar de todo, hacer que no te importo, dejar que nuestras miradas ya no hablen... pero tienes el acceso restringido a irte de aquí, porque no hay en ningún sitio donde tenga menos frio que estando contigo y porque quiero que de nuevo nuestros ojos digan lo que callan nuestras bocas.
